El origen del implante dental

¿Alguna vez habéis oído hablar de los “dientes de Waterloo”? Echar la vista atrás es casi siempre sinónimo de sorpresa. Parece mentira que muchas de las cosas que descubrimos en el pasado hayan ocurrido en realidad. Veréis como el “implante dental” que conocemos nada tiene que ver con lo que fue en sus orígenes…

A la introducción del azúcar en Europa y la popularización de su consumo en el siglo XVII, se asoció un inevitable incremento de las caries, sumándose a la preocupante ausencia de higiene y los múltiples problemas dentales característicos de la época.

Dentures_with_Waterloo_Teeth_-_Military_Museum_-_Dresden_-_Germany_crop-300x300

Como consecuencia lógica de esta situación, y con un fin orientado claramente a la estética dental y no a la salud (sus usuarios se los quitaban generalmente para comer), aparecieron los primeros implantes dentales. Estos artilugios consistían en una base elaborada en madera, marfil o porcelana sobre la que se insertaban dientes de animales, reos condenados a muerte o incluso procedentes de la profanación de algunas tumbas. Resultaba extremadamente difícil conseguir estos componentes, sin embargo, tras la batalla de Waterloo en 1815 se produjo una importante transformación: las piezas dentales abarrotaron los mercados, haciendo posible el acceso de la gente con poder adquisitivo a piezas de gran calidad, procedentes de individuos sanos. ¿Qué por qué? Pues porque a los 50.000 jóvenes soldados que fallecieron en combate se les extrajeron los dientes antes de enterrarlos.

Desde ese momento y durante algún tiempo se denominaba “dientes de Waterloo” a todas las dentaduras compuestas por dientes sanos. Cualquiera se lo pensaría dos veces antes visitar a su odontólogo si no existiese el implante dental artificial, ¿eh?

Related Posts
IMG-20141023-WA0000-300x30060797-fitting-a-veneer-300x300