El origen de los empastes

Ya hace un par de años que el hallazgo de una momia de más de dos milenios de antigüedad puso de manifiesto los orígenes de uno de los tratamientos más habituales en odontología: los primeros empastes. Quizá no existiesen todavía los implantes dentales, ni odontólogos en sí como hoy en día los conocemos, pero lo que está claro es que ya por aquel entonces se preocupaban por el cuidado bucal, la estética dental (evidencia de ello son las pruebas que demuestran que los antiguos pobladores del sur de Norteamérica se incrustaban piedras preciosas en los dientes) y principalmente por erradicar los daños producidos por los problemas dentales.

El pobre paciente objeto de estudio presentaba uno de los cuadros clínicos dentales más graves jamás vistos, y es probable que sus problemas odontológicos fuesen los que terminaron causándole la muerte. No es de extrañar que los dentistas de la época tratasen por todos los medios de poner solución a este tipo de dolencias en un intento a la desesperada por aliviar una molestia que sin duda tuvo que resultar terrible.

Un curioso método de relleno con paño de lino de la cavidad provocada por la caries es lo que podemos considerar el primer precursor del empaste actual. El trozo de paño lino, que presumiblemente habría sido impregnado de algún tipo de medicamento para calmar el dolor, haría función de barrera para impedir la entrada de partículas de comida en el interior del hueco.

Los investigadores de la western Ontario University, capitaneados por el Doctor Andrew Wade, revelaron que se trataba del primer caso conocido de empaste dental realizado en el cuerpo en un antiguo egipcio.