La importancia de la lactancia para los dientes de los niños

Lactancia en los dientes de los niños

Vamos a centrarnos en la importancia de la lactancia para los dientes de los niños. La lactancia materna no solo tiene enormes beneficios nutritivos, inmunológicos y emocionales para el bebé. Favorece el correcto posicionamiento de las arcadas dentarias y con ello, una buena oclusión que favorecerá el posterior desarrollo del pequeño.

¿Cómo favorece la lactancia a los dientes de los niños? 

Todos los bebés nacen con una mandíbula pequeña con respecto con el maxilar superior. La succión del pecho ayuda a que la mandíbula avance en su posición y con ello se obtiene una mejor relación entre el maxilar y la mandíbula. Diversos estudios indican que, durante la lactancia del bebé, los músculos masticatorios ejercen un esfuerzo por lo menos con 60 veces más energía que aquel que toma del biberón. De hecho, el succionar el pezón requiere un esfuerzo del niño, que hace que todas las estructuras óseas, musculares y articulares crezcan con armonía. Durante la deglución, la contracción rítmica de la lengua y los músculos de la cara ayudan a la estabilización del maxilar inferior.

En efecto, la forma de la mandíbula, la dirección en que se disponen los músculos implicados y otras circunstancias como la ausencia de dientes, favorecen los movimientos mandibulares hacia adelante y hacia atrás. Esto significa que en este acto el niño no solo succiona como comúnmente se cree, sino que ordeña en el sentido más literal el pecho de su madre con movimientos de la mandíbula de avance y retroceso. Este ejercicio continuo prepara sus músculos masticatorios, y todo su sistema, que va adquiriendo el tono y desarrollo necesarios para cuando aparezcan los primeros dientes que hace que disminuyan al 50% los problemas de oclusión. Si tienes cualquier duda al respecto, puedes consultarla con nuestros especialistas en odontopediatría.

Es importante remarcar que la lactancia materna facilita la respiración nasal del bebé, ayudando a un correcto posicionamiento de la lengua y a un buen desarrollo de la musculatura oral. Mientras mama, el niño respira por la nariz al contar con una perfecta coordinación que le permite respirar, succionar y deglutir rítmicamente sin necesidad de soltar el pezón. Previene hábitos como deglución atípica y promueve el desarrollo correcto del paladar.

Al tomar el biberón, el bebé no tiene que hacer ese esfuerzo para succionar, ya que la leche sale sola y no tiene que hacer ningún esfuerzo por “ordeñarla”.

¿Qué problemas puede tener la dentadura sin leche materna?

A pesar de que los biberones han mejorado mucho, los recién nacidos no hacen el mismo esfuerzo que cuando se amamantan del pecho materno. En la alimentación con biberón, el niño deglute, y por eso el crecimiento es menor, los maxilares se quedan pequeños y los dientes, entre otros problemas, no caben en las arcadas. Cuando el bebé es alimentado de forma artificial no puede realizar los movimientos fisiológicos mandibulares de mesialización, ya que debe controlar la cantidad de leche que ingiere, evitar ahogos y poder tragar, lo cual no sucede si es amamantado. Aquí está patente la importancia de la lactancia para los dientes del niño. La falta de un movimiento muscular correcto disminuye la estimulación del crecimiento y de la forma de la boca. Además, condiciona la aparición de poca tonicidad de los músculos aumentando la aparición de problemas de oclusión.

Lactancia en los dientes de los niños

A los niños amamantados con biberones, al hacer poco esfuerzo, les cuesta más dormirse tras la ingesta. Además, muchos recurren a hábitos viciosos o inadecuados como la succión de los dedos, chupete y el labio, entre otros, para así satisfacer su instinto de succión, que se vio frustrado por una alimentación que no ha sido satisfactoria. De hecho, hay estudios que consideran la lactancia artificial como un factor etiológico principal en el desarrollo de hábitos. Está claro que cuando se hace la lactancia mixta, el niño por lo general suele aborrecer el pecho materno, ya que implica mucho más esfuerzo.

Es recomendable hacer hincapié en la importancia de la lactancia materna durante los primeros seis meses para el correcto desarrollo de la boca, la mordida, la respiración y la oclusión durante la infancia. Sabemos que es un tema de controversia y luego cada uno toma sus decisiones en función de sus necesidades y las de su bebé, pero debes saber que ese proceso de lactancia será clave para la formación de los dientes de los niños.

En el caso de que decidas no dar lactancia materna, ya porque no se puede o no se quiera, debes saber que existen biberones con tetina que hace el efecto de pezón. Con estos biberones tienen que ejercer casi el mismo esfuerzo que si estuvieran mamando, no facilitando la succión y obligando a ejercitar los músculos orofaciales.

  • Intenta que el orificio del biberón tenga un flujo similar al de los senos maternos para que el bebé realice los ejercicios de succión necesarios.
  • Nunca añadas azúcar, miel, endulzantes o cereales al biberón. Los zumos deben ser ofrecidos en tacitas, no en biberón. Aunque no es recomendable darles zumos aunque sean naturales hasta mínimo los dos años de edad.
  • A partir de la erupción del primer diente, evita el biberón nocturno. De no hacerlo, es muy importante que realices la limpieza bucal antes de que tu bebé se duerma.
  • El biberón debe limitarse a los 12-18 meses de vida. A partir de esta edad, intenta que tu hijo beba todos los líquidos de una taza.

Por último, hay que recordar que la lactancia materna no es lo único que previene las maloclusiones. Es el primer factor de prevención, pero después continúa a lo largo de su crecimiento. La boca no es un edificio inmóvil, aislado o imperturbable, sino que varía con el tiempo, va cambiando según va creciendo e incluso con sus costumbres. Es un sistema muy dinámico que siempre está en continua remodelación y adaptación. Por lo tanto, hay que evitar hábitos nocivos y seguir ayudando a nuestra boca con una alimentación sana y dura, evitando que el niño se acostumbre a no masticar alimentos duros y fibrosos, algo muy difícil en el siglo en el que vivimos.

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